En los alrededores del canal, cruzamos las tierras donde, según la leyenda, actuaba Procusto — el bandido que tendía a los viajeros en su cama y los «ajustaba» a su medida: cortando a los altos y estirando a los bajos. Vivía en la frontera del Ática y Corinto — exactamente por donde circulamos nosotros. Teseo lo venció con su propio método, estirándolo sobre su propia cama.
El alcance filosófico va más allá de la simple anécdota: Procusto es una metáfora de la normalización. Quien intente encerrar la realidad viva en moldes rígidos acaba tarde o temprano prisionero de sus propias normas. Los griegos tenían el genio de envolver la sabiduría en relatos — y este no ha perdido nada de su actualidad.